Y voy y me entero que un vecino es conductor.
Lo encontré en el portal, hacía un buen día y llevaba pequeñas gafas de sol. Es un tipo joven con cara y chaqueta de chófer.
No saludamos. Salimos a la calle y nos despedimos. Andamos hasta la parada. Al subir se queda de pie junto al conductor, no hay duda, es uno de ellos.
Casualmente bajamos en la misma parada. Y de regreso, horas más tarde, me recoge él mismo, lejos de donde nos habíamos apeado. ¡Es conductor del 32! Eso no me lo esperaba.
Desde mi asiento y a través del espejo retrovisor observé su rostro conocido trás sus gafas de sol. No se si por ser vecino o por su inmutable mueca de conductor.